Atención

“Yo soy mi atención. Todo lo demás nos es dado, no es nuestro.” Iain McGilchrist

Gerardo Iván García Colmenero

12/3/20257 min read

Escribo este artículo. Al mismo tiempo cada cinco o diez minutos levanto el celular para abrir la aplicación del WhatsApp, quité las notificaciones de esa app y aún así entro para saber si alguien me escribió, me es más fácil dejar de lado el celular cuando leo que cuando escribo. Me pesa porque sé que cuando llega una distracción el cerebro tarda alrededor de veinte minutos en volver a concentrarse.

Soy un soldado caído a veces, porque como tú, vivo en medio de la guerra por la atención. Los gobiernos, los medios de comunicación, corporaciones, empresas de redes sociales, de videojuegos, creadores de apps y tantos otros más quieren tener nuestra atención a través de estrategias sofisticadas. Es una guerra paradójicamente silenciosa, constante y muy redituable para quienes la ganan. Todos compiten por mantenerte cautivo, no para servirte, sino para monetizar cada segundo de tu atención.

Entiendo que pueda leerse exagerado, porque antes los desafíos eran frontales y con otras dinámicas, pero no soy el único en considerar que hay una lucha por la libertad en estos momentos y al parecer pocas personas son conscientes de ello, la batalla se ha afinado, ya no son aquellos choques épicos, ahora la tecnología de uso cotidiano es la principal herramienta, y ésta no se diseña para resonar con tus metas más profundas, sino que son creadas según los intereses de quienes distraen nuestra atención. Dice James Williams en su libro Clics contra la humanidad “La liberación de la atención humana podría ser la lucha ética y política decisiva de nuestro tiempo. Su éxito es requisito previo de cualquier otra lucha que quepa imaginar.”

Lo vivo en lo personal y lo vivo desde hace algún tiempo con mis hijos, ellos ven a casi todos los adultos, a adolescentes y a veces hasta a otros niños con teléfonos inteligentes o con tablets, y quieren tener una de esas pantallas, pienso aguantar hasta sus dieciséis años para que tengan teléfono personal, por otro lado desde hace algunos meses han ido interesándose por los videojuegos. Tampoco tienen consola personal, les presto la mía que ya está algo pasada de moda, y aún así ha sido complicado regular juntos el tiempo que pasan en la consola. En mi adolescencia pasaba tiempo en los videojuegos, pero era diferente, había opciones para no estar pegado a los controles, principalmente salir a la calle a jugar con amigos, algo que ahora es raro de ver en las calles, también los videojuegos no daban para mucho porque tenían un final al pasar los niveles o al aburrirnos por no tener a un lado a otra persona con quien jugar. Ahora los videojuegos son en linea y puedes jugar con cualquier persona en cualquier parte del mundo, y en cualquier momento; los mundos en los juegos son amplios para explorar y parece que no tienen fin, los diseñadores de los videojuegos trabajan para retener a la persona el mayor tiempo posible pegados al control. Ese poder de estar conectado en cualquier momento, ya sea a las redes sociales o a los videojuegos, no tiene limite, ante ello diría Rousseau “el impulso del mero apetito es esclavitud”.

La psicología y la economía que estudia la conducta lleva años trabajando, y ahora quizá más que nunca, explotando y aplicando los conocimientos adquiridos sobre como tomamos desiciones, porque en la economía de la atención, el producto es el usuario. Repito, el producto es el usuario. Para algunos vivimos en la era de la información, para otros vivimos en la era de la atención. Información y atención es lo que obtienen de ti a cada momento que estás conectado: saben qué videos ves, lo que escribes en redes sociales o en los buscadores, incluso aunque lo nieguen las grandes corporaciones, escuchan lo que dices cuando estás cerca de tu teléfono aunque esté bloqueado. Las empresas compran y venden esta información, con fines comerciales y políticos. Por lo anterior, James Williams escribe en su libro ya citado “Para hacer cualquier cosa que valga la pena, hay que ser capaz de prestar atención a las cosas que importan. No es tarea fácil, no lo ha sido nunca, pero de un tiempo a esta parte se ha vuelto aún más complicado” por ello, es un acto radical y revolucionario en estos tiempos elegir a qué le prestamos atención.

Iain McGilchrist es un psiquiatra británico autor de los libros El maestro y el emisario, y, El cerebro dividido, en éste último nos dice que la atención “No se trata de una mera función cognitiva, sino nada más y nada menos que de la forma en que nos relacionamos con el mundo”. Y va más allá porque para él hay dos maneras distintas de atender el mundo: desde el hemisferio derecho, a quien llama el maestro, y desde el hemisferio izquierdo a quien llama el emisario.

Los llama así porque se basa en un cuento de Nietzsche donde se usa esa metáfora del maestro y el emisario, el cuento en resumen trata de que había un sabio maestro que gobernaba su tierra con justicia y generosidad y su pueblo prosperaba. El maestro tenía un emisario en quien confiaba para llevar mensajes y ejecutar tareas. El emisario al principio servía fiel al maestro, pero con el tiempo se volvió arrogante y ambicioso y empezó a creerse más importante y mas sabio que el maestro. Decidido a actuar por su cuenta, “fue así como el maestro termino siendo usurpado, la gente engañada, el dominio se convirtió en una tiranía y finalmente terminó derrumbándose.

Para McGilchrist el hemisferio derecho, el maestro, es sabio, conectado, relacional, contemplativo, abierto a la totalidad de la experiencia. El emisario o hemisferio izquierdo es útil, enfocado en detalles, especializado en control pero sin sabiduría para guiarse por si mismo. McGilchrist advierte que nuestra sociedad actual está privilegiando en exceso la atención del hemisferio izquierdo, escribe en el libro El cerebro dividido “el emisario, carente de profundidad en su visión, parece creer, como siempre, que es capaz de verlo y de hacerlo todo. Pero no puede: por sí solo es como un zombi, un sonámbulo que camina hacia el abismo silbando una alegre melodía.” Cuando lo mejor es la cooperación de hemisferios, vivimos en un mundo creado desde la atención que tiene en el mundo el emisario.

McGilchrist me ayuda a entender a los interesados en nuestra atención ya que los domina el hemisferio izquierdo ese que “es incapaz de confiar, necesita tener el control. Sería de esperar que el gobierno se obsesionara con las cuestiones de seguridad”, “la explotación en lugar de la cooperación sería, explícitamente o no, la relación por defecto entre los seres humanos y entre la humanidad y el resto del mundo”, “el mundo en su conjunto se tornaría mas virtual y nuestra experiencia de él sería cada vez mas mediada por meta-representaciones”.

¿Te suena? Por ello me resulta esclarecedor cuando Iain dice que “la cualidad de la atención en el ser humano es la clave del sentido de nuestra vida y del posible desarrollo de nuestro ser”.

Si entendemos ya que la atención es un recurso valioso en estos momentos me gustaría hablar un poco de Nazareth Castellanos, ella es física y neurocientífica y su trabajo está dedicado a la investigación del cerebro y su relación con los órganos y el resto del cuerpo, así como su relación con la respiración o con prácticas de meditación.

Ella nos dice que el principal aliado de la atención es la frecuencia alfa, fueron las primeras ondas cerebrales descubiertas, también llamadas de primer orden. Y la manera más fácil de incrementar las ondas alfa en el cerebro es cerrar tus ojos. Las ondas alfa y la atención son amigos porque dice “Cuando un área del cerebro está envuelta en una tarea que conlleva el mantenimiento de la atención, las ondas alfa se encargan de inhibir aquellas zonas que no están involucradas en esa tarea para impedir que se produzcan interferencias o distracciones.”

Decir que la atención transforma el mundo, aunque en mi pensar es real, puede parecer muy general y decir mucho sin especificar nada. Sin embargo hay claros beneficios del fortalecimiento de la atención, y que son tangibles, como lo es nuestra satisfacción vital, dice Nazareth Castellanos en su libro acerca de lo que mostró un experimento de la Universidad de Harvard publicado en la revista científica Science “no importa tanto lo que hagamos sino como de atentos lo hagamos” en contraste menciona que hay muchas personas que prefieren “escapar” de si mismos, estar en la red cerebral por defecto, esa donde se está en automático, la misma Harvard en ese estudio demostró que cuanto más tiempo se pasa en ese estado de baja atención mas es el sentimiento de insatisfacción en la vida.

Es decir, que si lees, lee; si comes, come; si caminas, camina. Otro beneficio de la atención es que está estrechamente vinculada con una de las funciones principales del cerebro que es la memoria, y sin memoria no hay aprendizajes.

La atención es como un músculo que se desarrolla y con diversas prácticas aumentas las neuronas que oscilan en la frecuencia alfa. Puedes practicar como lo vengo haciendo yo desde algún tiempo con muy buenos resultados los silenciamientos, o meditaciones, o como quieras llamarlo, de 20 minutos hasta una hora diaria, tan solo quédate sentado, cierra los ojos, no te muevas, relaja los hombros, relaja el corazón y sitúate por detrás de tus pensamientos, obsérvalos y déjalos pasar. No hagas nada.

Sitúate detrás del ruido, ya sea mental o auditivo o visual. El enemigo de la atención es la distracción. Me parece que la principal herramienta de la distracción es el ruido mental y después el auditivo, ¿te has puesto a pensar en como te han afectado estos ruidos? Tanto desde el interior con tus pensamientos, como desde el exterior con los sonidos que te llegan de tu alrededor.

Por la parte del exterior te presento a Gordon Hempton, él es un ecologista acústico y se dedica a grabar paisajes sonoros naturales, tiene una frase que retumba: “El silencio no es la ausencia de algo, sino la presencia de todo.”

Desafortunadamente me parece que hemos normalizamos la contaminación auditiva y damos como una consecuencia natural, que no lo es, la perdida de la atención y lo que conlleva: estrés, presión alta, ansiedad, insomnio. Pase lo que pase con lo tecnológico seguimos siendo naturaleza y escuchar los sonidos de la naturaleza nos conecta con lo que somos y con nuestra atención y con el hemisferio derecho. Para muchos de nosotros no es tan habitual volver a escuchar esos sonidos. Por ello una buena opción es escuchar las grabaciones de Gordon Hempton en Spotify, están las grabaciones de sonidos del amanecer en el atlántico, los de la selva nocturna, la lluvia en el bosque, truenos en el desierto y más.

Pongamos atención a nuestra atención, porque como dice Nicolas Malebranche, “la atención es la oración natural del alma”.